Pensamientos La ruptura

La ruptura

Cuando sostener deja de ser amor.

Durante mucho tiempo creí que sostener era una forma de fortaleza. Mantener la forma, cumplir el papel, no desmoronarme. Aprendí a aguantar incluso cuando algo dentro ya no encontraba sentido. El cuerpo empezó a tensarse, la emoción a apagarse y la vida a sentirse repetida, pesada, ajena.

La ruptura no fue un acto impulsivo ni una decisión repentina. Fue un desgaste lento. Un darse cuenta silencioso de que seguir igual costaba más que parar. No todo se rompió de golpe: se resquebrajó la idea de que podía continuar negándome sin consecuencias.

Romper no significó destruirlo todo, sino reconocer un límite. Aceptar que algo había terminado aunque aún no supiera qué vendría después. En esa grieta apareció una verdad incómoda pero necesaria: no todo lo que se sostiene merece seguir siendo sostenido. Y escuchar esa verdad fue el primer acto de honestidad conmigo misma.

“Reconocer un límite también es amor: el que no te traiciona.”— Mujer Fénix